El aumento de 400 pesos por galón que entró en vigor el pasado 1 de mayo redefinió el mapa de los combustibles en Colombia y consolidó a Villavicencio, Cali y Bogotá como las ciudades con la gasolina más cara del país. En estas tres capitales, el precio ya supera el rango de 16.300 pesos por galón, en un contexto de ajustes graduales impulsados por el Gobierno para reducir el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles, conocido como FEPC.
Con el nuevo incremento, el precio promedio de la gasolina en las principales trece ciudades del país se ubica cerca de 15.850 pesos por galón, según cálculos oficiales y estimaciones de medios económicos. El ajuste se suma a la subida previa de 375 pesos aplicada en abril, lo que deja un incremento acumulado de 775 pesos en apenas dos meses.

En la parte alta de la tabla, Villavicencio encabeza los precios con alrededor de 16.391 pesos por galón, seguida de Cali con 16.300 y Bogotá con 16.291. Detrás aparecen otras ciudades como Manizales, Pereira, Medellín e Ibagué, todas por encima de los 16.200 pesos. Este comportamiento refleja diferencias estructurales en costos de transporte, logística y distribución desde las plantas de suministro.
En contraste, Pasto y Cúcuta se mantienen como los mercados más baratos del país. En estas ciudades, el precio de la gasolina se mantiene por debajo de los 14.300 pesos por galón, una brecha que responde a regímenes especiales de frontera y a dinámicas de abastecimiento vinculadas con Ecuador y Venezuela.
El Gobierno sostiene que estos ajustes buscan cerrar gradualmente la diferencia entre el precio interno y el precio internacional del combustible. El contexto global ha sido determinante, con el petróleo Brent por encima de los 100 dólares por barril debido a tensiones geopolíticas en Medio Oriente, lo que ha presionado los costos de importación y refinación.

El FEPC ha sido uno de los principales focos del debate fiscal. Este mecanismo cubre la diferencia entre lo que pagan los consumidores en Colombia y el precio internacional del combustible. Según estimaciones de analistas del sector energético, la brecha aún ronda los 2.000 pesos por galón en gasolina, lo que mantiene una presión significativa sobre las finanzas públicas.
El Ministerio de Hacienda ha defendido la medida como una decisión necesaria para evitar un desbalance mayor en el presupuesto nacional. Sin embargo, expertos advierten que el ajuste sigue siendo insuficiente frente a la magnitud del subsidio acumulado, que continúa representando una carga relevante para el Estado.

El impacto del incremento se extiende a los costos de transporte, logística y alimentos, especialmente en ciudades donde la gasolina ya supera los 16.000 pesos por galón. En regiones como Villavicencio, donde la dependencia del transporte terrestre es alta, el efecto sobre la cadena de precios es más visible en la canasta de consumo.
Con este nuevo aumento, el país entra en una fase de convergencia más estricta hacia precios internacionales, mientras el Gobierno evalúa hasta qué punto continuar con los ajustes sin generar presiones adicionales sobre la inflación y el crecimiento económico.
