El Banco de la República dejó al descubierto una tensión interna significativa en su más reciente reunión de política monetaria. Aunque la Junta Directiva votó de forma unánime para mantener la tasa de interés en 11,25%, las minutas publicadas el día de ayer revelan que la decisión ocultó posturas enfrentadas sobre el rumbo de la política monetaria en Colombia.
El documento muestra que el consenso en la votación no reflejó una coincidencia en el análisis económico. Por un lado, cuatro codirectores defendieron la necesidad de endurecer aún más la política monetaria ante señales de persistencia inflacionaria. Entre sus argumentos se destaca el aumento de la inflación básica, que pasó de 4,9% en noviembre a 5,8% en marzo, así como el salto en las expectativas de inflación para 2026, que subieron de 4,4% a 6,3% según los analistas consultados, cifras citadas en las minutas y en análisis de mercado.

Estos miembros advirtieron además que el comportamiento de los precios no solo responde a choques externos, sino también a factores internos como el déficit fiscal y los incrementos del salario mínimo por encima de la productividad. En su visión, estos elementos están alimentando efectos de segunda ronda que dificultan el retorno de la inflación hacia la meta del 3%.
En el otro extremo de la discusión, al menos dos miembros de la Junta, entre ellos el ministro de Hacienda Germán Ávila y el codirector César Giraldo, plantearon que la política monetaria ya se encuentra en un nivel suficientemente restrictivo. Su preocupación se centra en el impacto sobre el crecimiento económico, el empleo y el tipo de cambio. También advirtieron que nuevas alzas podrían profundizar la revaluación del peso y afectar al sector exportador, sin atacar de fondo choques que consideran principalmente de oferta.

Este bloque sostuvo que parte del aumento inflacionario obedece a factores como fenómenos climáticos y tensiones internacionales en energía y alimentos, lo que limita la efectividad de una respuesta exclusivamente monetaria. Además, cuestionaron el uso excesivo de las expectativas de inflación como guía de política, al considerar que pueden estar influidas por dinámicas financieras y no necesariamente por la demanda real.
Las minutas también recogen una intervención adicional que introduce una lectura estructural del problema inflacionario. En ella se advierte que fenómenos como El Niño y la fragmentación de las cadenas globales de suministro están volviendo más frecuentes los choques de oferta, lo que obliga a repensar el equilibrio entre estabilidad de precios y crecimiento económico.
El contexto macroeconómico ayuda a explicar la división. La economía colombiana enfrenta una inflación aún por encima de la meta, un déficit fiscal elevado y señales de desaceleración del crecimiento. A esto se suma un entorno internacional incierto, con presiones sobre los precios de energía y alimentos.
Aunque la decisión fue unánime, el contenido de las minutas sugiere que el debate dentro del Banco de la República está lejos de cerrarse. La próxima reunión de la Junta, prevista para el 30 de junio, será clave para determinar si la política monetaria continuará en pausa, retomará el ciclo de alzas o empezará a abrir espacio para recortes, dependiendo de la evolución de la inflación y del escenario político y económico del país.
