El precio del petróleo Brent volvió a sacudir los mercados este miércoles al alcanzar niveles intradía cercanos a los 117 dólares por barril, uno de sus valores más altos desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. Aunque posteriormente corrigió hacia los 115 dólares en la mañana en Colombia, el movimiento confirmó una escalada superior al 60% frente a los niveles previos a la guerra y consolidó la percepción de un mercado dominado por el riesgo geopolítico.
El repunte estuvo directamente ligado a nuevas declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien advirtió a Irán que endurecerá su postura si no avanza en las negociaciones y mantiene la presión sobre el cierre del estrecho de Ormuz. Ese paso marítimo es clave para el comercio global de energía, ya que por allí transita entre el 20% y el 25% del petróleo mundial. Las amenazas de una ampliación del bloqueo y posibles acciones militares elevaron de inmediato la prima de riesgo en los contratos de crudo.
El mercado ya venía reaccionando a un escenario de alta volatilidad desde el inicio del conflicto, pero el último movimiento llevó al Brent a niveles no vistos en más de seis semanas. En paralelo, el WTI también superó los 105 dólares por barril antes de moderar su avance hacia los 102 dólares, reflejando una presión simultánea sobre las dos referencias principales del mercado energético.
Desde finales de febrero, cuando el Brent se ubicaba en torno a los 70 dólares, el precio ha acumulado un salto cercano al 60%, con picos que han superado los 119 dólares en jornadas de máxima tensión. La combinación entre ataques militares, cierres parciales de rutas marítimas y advertencias políticas ha mantenido al mercado en un estado de reacción constante a cada anuncio.
Analistas del sector señalan que mientras persista la incertidumbre sobre el flujo de petróleo a través de Ormuz, el mercado seguirá operando con una prima de riesgo elevada. El nivel de precios actual refleja no solo restricciones de oferta, sino también el temor a una escalada prolongada del conflicto que afecte el suministro global de energía.
En este contexto, los operadores del mercado energético están aumentando coberturas frente a posibles nuevos saltos de precio, mientras refinerías en Europa y Asia ajustan inventarios ante el riesgo de interrupciones logísticas prolongadas en la cadena de suministro.
