Elon Musk fusiona SpaceX y xAI y crea un gigante tecnológico de 1,25 billones de dólares

Elon Musk avanza en una de las mayores fusiones tecnológicas privadas de la historia al integrar SpaceX y su startup de inteligencia artificial xAI en una sola compañía, con una valoración implícita cercana a los 1,25 billones de dólares y ambiciones que van desde la órbita terrestre hasta la IA a escala planetaria.

La operación, liderada por Elon Musk, se estructura como una adquisición de xAI por parte de SpaceX mediante intercambio de acciones, sin desembolso de efectivo. Según documentos internos citados por medios financieros, la transacción asigna una valoración aproximada de 1 billón de dólares a SpaceX y de 250.000 millones de dólares a xAI, con un precio objetivo cercano a 526,59 dólares por acción de la entidad combinada.

Desde el punto de vista estratégico, la integración busca construir lo que la propia compañía define como el motor de innovación verticalmente integrado más ambicioso del mundo. El núcleo de esa visión es el desarrollo de “IA espacial”: aprovechar la infraestructura orbital de SpaceX —cohetes, satélites y capacidad de lanzamiento— para alojar centros de datos y cómputo de inteligencia artificial en órbita, reduciendo la presión energética sobre la red terrestre y escalando el entrenamiento de modelos avanzados como Grok.

Bajo el paraguas de la nueva empresa quedarán activos clave del ecosistema Musk: los cohetes Falcon 9 y el proyecto Starship, la red satelital de Starlink, el desarrollo de IA de xAI y la plataforma X, concebida como una capa de datos e información en tiempo real. La lógica financiera es clara: usar la caja, los contratos y la infraestructura madura de SpaceX para financiar la carrera por centros de datos de gran escala y competir directamente con gigantes como OpenAI, Google y Anthropic.

El movimiento también reconfigura el camino hacia los mercados públicos. Analistas y bancos de inversión dan por hecho que el objetivo es una oferta pública inicial hacia finales de 2026, que podría recaudar decenas de miles de millones de dólares y convertirse en la mayor OPI registrada. SpaceX ya evaluaba una salida parcial a bolsa apalancada en Starlink, pero la incorporación de xAI y X amplía la narrativa de crecimiento más allá del negocio aeroespacial.

No obstante, la operación abre un frente de riesgos. La concentración de conectividad, infraestructura espacial, datos en tiempo real e inteligencia artificial bajo un solo control eleva las alertas regulatorias y de competencia. Además, la participación de Tesla en xAI se transforma ahora en una exposición indirecta a SpaceX, lo que podría reactivar cuestionamientos sobre gobierno corporativo y conflictos de interés por parte de accionistas minoritarios.

En términos de impacto global, la fusión posiciona a Musk en el centro de la próxima gran batalla tecnológica. Si la apuesta por la IA en órbita logra escalar, no solo cambiaría la economía del entrenamiento de modelos, sino también el equilibrio de poder en un sector donde energía, datos y capacidad de cómputo se han convertido en activos estratégicos.

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