La Junta Directiva del Banco de la República decidió, en su última reunión de 2025, mantener inalterada la tasa de intervención en 9,25%. Con esta decisión, el Emisor completa un ciclo de estabilidad que se ha prolongado desde abril, priorizando la convergencia de la inflación hacia la meta técnica del 3% frente a las presiones de diversos sectores para estimular el crecimiento económico.
La votación dentro de la Junta reflejó las tensiones que atraviesa la política monetaria. Cuatro directores votaron por la estabilidad, mientras que tres abogaron por recortes. Pese a que la inflación anual cedió levemente en noviembre hasta el 5,3%, los codirectores advirtieron que las expectativas de precios a uno y dos años han aumentado, lo que limita el margen para flexibilizar el costo del dinero sin arriesgar la estabilidad macroeconómica.
El Gerente del Emisor, Leonardo Villar, destacó que la demanda interna sigue mostrando una dinámica robusta, con un crecimiento del consumo total del 5,6%. Este vigor, aunque positivo para el PIB —que creció un 3,4% en el tercer trimestre—, ha ensanchado el déficit de la cuenta corriente al 2,4%. Según el análisis del Banco, este desbalance obedece a un mayor déficit en la balanza comercial de bienes, lo que exige mantener una postura contractiva para evitar presiones adicionales sobre la tasa de cambio y los precios internos.
Para el mercado y los gremios, el mensaje es de una pausa prolongada. La no aprobación de la reforma tributaria y la incertidumbre sobre el financiamiento del presupuesto de 2026 también pesaron en la balanza, obligando al Banco a actuar como ancla de confianza.
Los analistas prevén que cualquier ajuste a la baja solo se considerará en las reuniones del primer trimestre de 2026, una vez se evalúe el impacto del incremento del salario mínimo y la consolidación de la tendencia decreciente de la inflación básica, que hoy se ubica en el 4,9%.
