Hacienda eleva emisión de TES a corto plazo a niveles récord en medio de presión fiscal

El Ministerio de Hacienda incrementó a niveles históricos la colocación de Títulos de Tesorería (TES) a corto plazo, como parte de una estrategia para enfrentar las presiones de gasto del Gobierno y garantizar la liquidez del Estado en 2025.

De acuerdo con el Banco de Bogotá, el saldo de estos instrumentos —junto con los pagarés emitidos por la Nación— pasó de $73,9 billones al cierre de 2024 a cerca de $102,2 billones en agosto de este año, lo que representa la cifra más alta registrada. Esta dinámica responde, en parte, al decreto 1551 de 2024, que trasladó la administración de más cuentas y fondos nacionales a la Dirección de Crédito Público y Tesorería, permitiendo usar temporalmente excedentes de liquidez del Estado.

Según el análisis del Banco de Bogotá, la emisión de TES y pagarés a corto plazo reduce los intereses en la deuda inmediata, pero incrementa los riesgos de refinanciación. Se estima que en 2026 el Gobierno deberá renovar o “rollear” cerca de $53 billones en TES de corto plazo y $14 billones en deuda a largo plazo, mientras que los pagarés podrían elevar el total a $179 billones, la cifra que representaría la necesidad de caja del Estado.

Economistas como David Cubides (Banco de Occidente) y Mauricio Salazar (Universidad Javeriana) explicaron que este mecanismo funciona como una refinanciación de deuda pública, mediante la cual el Gobierno ofrece a los inversionistas extender los plazos de pago a cambio de intereses adicionales.

Menor recaudo y déficit en aumento

A pesar de los esfuerzos del Gobierno por adelantar ingresos con el incremento temporal de la retención en la fuente, los analistas advierten un descenso en el recaudo tributario para el próximo año. Según estimaciones del Banco de Bogotá, los ingresos por impuestos en 2025 se ubicarían entre $271 billones y $273 billones, es decir, hasta $10 billones menos que los $281 billones proyectados por el Ministerio de Hacienda.

Esta caída de ingresos se reflejaría también en un déficit fiscal de entre 7,8% y 8% del PIB, superior al 7,1% calculado inicialmente. Las causas principales serían un mayor gasto primario, una menor entrada de recursos por el agotamiento del efecto del decreto de retención y un incremento en el pago de intereses debido a la volatilidad cambiaria.

En agosto, el recaudo interanual había crecido 10,6%, impulsado por el adelanto de impuestos. Sin embargo, las devoluciones de la Dian —que alcanzaron $18 billones en mayo y $8,3 billones en agosto— moderaron el efecto positivo inicial.

La estrategia de Hacienda ha permitido mantener la estabilidad de caja en 2025, pero los analistas coinciden en que el alto volumen de deuda de corto plazo podría complicar la sostenibilidad fiscal en 2026, especialmente si se mantienen los menores niveles de recaudo y las mayores necesidades de financiamiento.

La combinación de TES récord, déficit creciente y caída en los ingresos tributarios anticipa un año fiscalmente desafiante para el Gobierno, que deberá equilibrar su política de gasto con un entorno de deuda más exigente.

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