Colombia se ha posicionado como una de las potencias turísticas de América. Con 6,6 millones de visitantes internacionales en 2024, el país se ubicó en el séptimo lugar del ranking continental, igualando a Argentina y a solo un paso de alcanzar a Brasil, un gigante tradicional del sector. Este notable desempeño confirma el impacto de una estrategia integral que combina la promoción de sus destinos con una mejora en la conectividad aérea.
El panorama turístico de América está reconfigurando su estructura de poder. Si bien potencias consolidadas como Estados Unidos (72,4 millones de turistas) y México (45 millones) mantienen su liderazgo indiscutible, la irrupción de Colombia en el top 10 es un fenómeno digno de análisis. El país superó a destinos tradicionales como Chile (5,2 millones) y Uruguay (3,3 millones), y se ubicó por delante de Perú y Ecuador, con quienes compite por el mismo nicho de turismo de naturaleza y cultura.
Este crecimiento responde a una serie de factores estratégicos. Por un lado, la campaña «El país de la belleza» ha logrado proyectar una imagen renovada, atractiva y segura para los viajeros globales. Por otro, la expansión de la conectividad aérea, con la llegada de nuevas aerolíneas y la apertura de rutas directas, ha facilitado el flujo de visitantes. Los datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT) y Sectur (Secretaría de Turismo de México) validan un fenómeno que trasciende la recuperación pospandemia.

Más allá de las cifras: El efecto en la economía real
El impacto de este crecimiento no es solo numérico; se traduce en beneficios tangibles para el ecosistema empresarial colombiano. El aumento de 6,6 millones de visitantes genera un efecto multiplicador que dinamiza sectores como la hotelería, la gastronomía, el transporte y el comercio minorista. Este flujo de viajeros, en su mayoría europeos y norteamericanos con un alto poder adquisitivo, se ha concentrado principalmente en ciudades como Cartagena, Bogotá y Medellín, que han fortalecido su oferta en segmentos clave como el turismo de negocios, cultural y de ocio.
Este impulso tiene un efecto directo en la generación de empleo formal y en la reactivación de las economías locales. El turismo se ha convertido en un motor de desarrollo para pequeñas y medianas empresas (Pymes), desde guías turísticos hasta productores de artesanías y operadores de experiencias.
Retos para consolidar el liderazgo y mirar al futuro
Aunque el balance de 2024 es más que positivo, el gran desafío de Colombia será sostener este ritmo de crecimiento y convertir este hito en una tendencia de largo plazo. Para lograrlo, el país debe enfocarse en diversificar su oferta turística, promoviendo destinos emergentes más allá del eje tradicional Cartagena-Bogotá-Medellín.

El potencial está en regiones como el Eje Cafetero, que atrae a amantes de la naturaleza y el café, o las inexploradas maravillas de la Orinoquía y la Amazonía. Sin embargo, para que esta diversificación sea exitosa, es fundamental abordar retos críticos en materia de seguridad, sostenibilidad ambiental y calidad de los servicios. El país debe demostrar que es capaz de recibir a millones de turistas de manera ordenada, responsable y con una infraestructura que garantice una experiencia memorable y segura.
El ascenso de Colombia en el ranking turístico no es casualidad; es el resultado de una estrategia deliberada y la prueba de que el país ha sabido capitalizar sus activos naturales y culturales. La tarea ahora es mantener el impulso, convertir los destinos emergentes en polos de desarrollo y consolidar su posición como uno de los líderes turísticos indiscutibles de América Latina.
