La tensión diplomática y comercial escaló este miércoles cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció una amenaza de aranceles del 50% a todos los productos brasileños a partir del 1 de agosto de 2025. La decisión, publicada en su plataforma Truth Social y dirigida al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, se fundamenta principalmente en el juicio que enfrenta el expresidente Jair Bolsonaro por un intento de golpe de Estado en Brasil.
La misiva de Trump calificó el proceso judicial contra Bolsonaro como una «cacería de brujas» y una «vergüenza internacional», exigiendo su fin «INMEDIATAMENTE». Además del respaldo a Bolsonaro, el presidente estadounidense citó motivos comerciales, mencionando supuestos «ataques insidiosos de Brasil a las elecciones libres y a los derechos fundamentales de la libertad de expresión de los estadounidenses», así como una relación comercial «muy injusta» debido a las políticas arancelarias y barreras comerciales de Brasil. Incluso amenazó con aumentar los gravámenes si Brasilia eleva sus propios aranceles a las importaciones estadounidenses.
La Reacción de Brasil y el Impacto Económico Inminente
La envergadura de esta amenaza es considerable para la economía brasileña. En 2024, Brasil exportó US$40.368 millones a Estados Unidos, una canasta de productos que incluye petróleo, café, acero y productos siderúrgicos. Un arancel del 50% asestaría un golpe devastador a estas exportaciones, afectando directamente a sectores productivos clave en el país sudamericano.
La respuesta de Brasil fue inmediata y enérgica. El presidente Lula da Silva convocó una reunión de urgencia con su gabinete en el Palacio de Planalto. Posteriormente, compartió una dura nota en la que refutó punto por punto los argumentos de Trump y dejó claro que, de concretarse la medida, Brasil responderá con «contramedidas». Lula enfatizó la soberanía de Brasil y la independencia de sus instituciones, afirmando que el proceso contra Bolsonaro «es de exclusiva responsabilidad de la Justicia brasileña y, por tanto, no está sujeto a ningún tipo de interferencia o amenaza que viole la independencia» de los poderes.
Este escenario abre la puerta a una escalada en la disputa comercial entre dos de las economías más grandes del continente.
