Las mujeres en Colombia dedican 4 horas y 25 minutos diarios al trabajo de cuidado no remunerado, tres veces más que los hombres, según el informe El costo invisible del cuidado de la Alianza por la Inclusión Laboral. Estas tareas, como cocinar, limpiar o cuidar niños y mayores, limitan su acceso al empleo formal y perpetúan una brecha salarial del 20%.
Aunque el 56.8% de los matriculados en educación superior son mujeres, con una tasa de repitencia menor del 3.2% frente al 4.8% de los hombres, según el DANE, solo el 45.7% logra emplearse, comparado con el 70.1% de los hombres. Desde la infancia, las niñas rurales enfrentan desventajas: el 15.2% abandona estudios por tareas domésticas, frente al 7.8% de los niños.
El trabajo de cuidado no remunerado, que representa el 21% del PIB en América Latina según la OCDE, no es reconocido como aporte económico. Esta carga invisible reduce el tiempo para formación o empleo, especialmente en zonas apartadas donde las redes de contactos, esenciales para el 64.1% de los empleos según el DANE, son escasas.
La informalidad afecta al 55.9% de los trabajadores, pero las mujeres suelen ocupar empleos precarios sin prestaciones. En el sector formal, la brecha salarial persiste, con mujeres ganando un 20% menos en cargos similares. “El cuidado sostiene la economía, pero no se monetiza ni valora”, señala el informe.
Países como Chile han avanzado con licencias parentales compartidas que reducen la carga femenina. La AIL propone promover corresponsabilidad, ampliar licencias, fortalecer formación técnica con enfoque de género y exigir transparencia salarial para cerrar la brecha. Sin estas reformas, la desigualdad seguirá limitando el potencial económico de las mujeres.
Si se reconociera el valor del cuidado, el PIB colombiano podría crecer un 3% adicional para 2030, estima la AIL. La redistribución de estas tareas mediante políticas públicas es crucial para impulsar la equidad y desbloquear oportunidades en el mercado laboral colombiano.
