Donald Trump anunció este miércoles desde la Casa Blanca que, a partir del 2 de abril de 2025, Estados Unidos impondrá un arancel del 25% a todos los automóviles fabricados fuera de su territorio, una medida que eleva la tasa previa del 2.5% al 27.5% y dispara los gravámenes de vehículos eléctricos chinos al 125%. “De manera efectiva cobraremos un 25% a los autos”, afirmó el presidente, proyectando ingresos entre 600,000 millones y 1 billón de dólares en los próximos dos años para las arcas estadounidenses, mientras exime de aranceles a los vehículos producidos en suelo norteamericano.
La decisión, que también abarca camiones ligeros, recrudece la guerra comercial iniciada por la administración Trump y apunta a revertir lo que él llama “déficits comerciales injustos”. México, que destina el 80% de su producción automotriz a EE.UU. según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), y Canadá, socios clave en el T-MEC, serán los más afectados. Gigantes como General Motors, que importa 750,000 vehículos anuales desde ambos países, y Ford, con un 20% de sus ventas en EE.UU. provenientes del exterior, ya evalúan ajustes en costos y cadenas de suministro. “Si manufacturas tu coche en Estados Unidos, no hay aranceles”, subrayó Trump, citando a Honda, que trasladará producción a Indiana.

Tensiones comerciales y ajustes en el sector automotor
El impacto trasciende a los fabricantes. La medida se suma a aranceles previos sobre acero y aluminio impuestos en marzo, que representan cerca de la mitad de los insumos usados por industrias como la automotriz y la aeronáutica en EE.UU. Además, Trump adelantó una batería de aranceles “recíprocos” para el 2 de abril (bautizado como “día de la liberación”), diseñados para igualar dólar por dólar los gravámenes que otros países aplican a bienes estadounidenses. “Seremos muy indulgentes”, prometió, aunque el primer ministro canadiense, Mark Carney, lo calificó como “ataque directo”, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, abrió la puerta a negociaciones.
El sector automotor, ya golpeado por restricciones comerciales desde el regreso de Trump a la Casa Blanca el 20 de enero, enfrenta un panorama de incertidumbre. En 2019, una investigación del USTR justificó aranceles por seguridad nacional, un argumento que respalda esta política. Ryan Majerus, exfuncionario comercial, señaló a AFP que la industria automotriz puede adaptarse rápido, a diferencia de sectores como la madera o el cobre, aún bajo análisis. Sin embargo, el alza en costos podría trasladarse a los consumidores, especialmente en mercados de vehículos eléctricos chinos, gravados al 100% desde agosto de 2024 y ahora al 125%.

La estrategia de Trump busca atraer inversión extranjera y presionar a socios comerciales en temas como migración y tráfico de fentanilo. Fabricantes japoneses como Honda ajustan planes, mientras empresas estadounidenses con plantas en el extranjero enfrentan dilemas logísticos. El objetivo de recaudar hasta 1 billón de dólares choca con el riesgo de disrupciones en cadenas globales y retaliaciones, como las insinuadas por Canadá y la UE. El anuncio de febrero sobre aranceles del 25% a productos canadienses y mexicanos ya había tensionado al sector, y esta medida amplifica el efecto.
